Oponer resistencias. 

Cuando La Casa se abre al principio asusta, pero también, incita encuentros y nuevas visitas. Trae nuevos vientos e ideas, nuevos cuerpos que proponen formas. 

Esta vez, tres hombres se apoderan de la escena, entre cadenas y herramientas, sus canciones dicen en una lengua que tenemos aprendida como “la lengua del dominador”, sin embargo, las miradas tímidas a través de los velos y esa voz casi como lamento son un lugar confortable. 

Así, brota la risa y la complicidad ¿son un lugar para la resistencia? movimiento similar al evocado por Hello Kitty: ternura e infancia en piel de globalización imperialista. 

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