Este segmento forma parte de la puesta “Canciones desde la orilla” que realizamos el día jueves 14 de Noviembre en el marco de la muestra Suquía Urbano, realizado en Cultura 220.

 

Tímida con un gesto suave Gala Currumil nos envuelve con una sonoridad que invita a sentarnos, cerquita y escuchar. Dejarnos mecer por sus melodías que corren como el agua y, como el río, forman un remanso donde reposar el cuerpo, donde abandonar los pensamientos angustiosos de un mundo que a veces asfixia.

 


 

Como cuando se mira entre las hojas -con la espalda apoyada firme al tronco de un árbol- y nos dejamos sumir en meditaciones cotidianas, cuando esas pequeñas fisuras de luz entre las hojas nos acarician la piel de los párpados y traen ideas simples que nos conmueven. Nuestra amiga Clara Agüero, sola con una pequeña compañera -una guitarrita bastante extraña- nuevamente logra trasladarnos con la potencia de su voz, de la espalda en el tronco,y de la arena de la orilla del río a la claridad de las ideas.

 


 

Con una vibración profunda proveniente de su bajo, Mateo Gencarelli, abrió la tarde y del vibrar hondo brotan sonidos suaves, palabras, una voz tranquila. Apacible, nos sumió en la calma de un atardecer bajo la sombra de un sauce a la orilla del río, para compartir cada tanto -como susurros que se oyen a media voz- algunos secretos del habitar y del paso del tiempo resguardados por la humedad.

 


 

Dando cierre a este bloque de canciones, Tobias convida una sonoridad capaz de conectarnos con aquello que está en la base, que es origen, sustrato. Permanecemos sentados al lado del río y mientras se comparte el mate, también algunas reflexiones e ideas aprendidas en el día a día, un destello desde lo profundo captura nuestra atención, algo brilla en las profundidades por acción de la luz. Late una idea: aún en la corriente que nos arrastra, siempre hay un fulgor singular que puede invitarnos al goce.

 
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